|
Mitos
Los bosques y, en especial, los de las zonas montañosas, son
tradicionalmente ambiente propicio para la generación de mitos y creencias. En
el caso de la Cordillera Central, existen dos mitos muy difundidos que vale
la pena referir.
Los Indios. Es de todos sabido que la inefable
ambición europea acabó con la totalidad de la población nativa de Taínos, Arawaks y Caribes de Quisqueya
(nombre indígena de la Española) en los primeros 60 años del Siglo XVI. Desde
entonces la condición de indio, gracias a su inexistencia, ha venido siendo
idealizada como "no tan mala", y hasta como sabia, frente a otras
como la de mulato o negro, siguientes en la agenda del genocidio.
Hay quienes creen que en algunas cumbres inexpugnables de la Cordillera
Central subsisten aún algunos pequeños grupos de indios, con sus costumbres y
su sabiduría, que ofician de guardianes de un gran tesoro en oro ritual, a la
espera de tiempos mejores para reconstruir su culto.
Según estas personas, el caminante debe cuidarse de explorar lugares muy
recónditos durante sus expediciones, pues los indios no dudarían ni un
segundo en deshacerse de un testigo de su, hasta ahora, tan bien guardado
secreto.
La Ciguapa. De que la ciguapa es una
fémina desnuda y salvaje que deambula por los bosques y de que tiene los
dedos de los pies apuntando hacia atrás, no cabe la menor duda. Lo que sí es
un misterio, debido a la diversidad de versiones y testimonios, es su origen
y su aspecto.
 Algunos creen que como cuando llegaron los europeos las adolescentes
vírgenes andaban desnudas como si nada por los campos, tal sobredosis de
sensualidad, para quien no estaba acostumbrado, provocó tal desorden y
superpoblación, que a algún sabio jefe de un clan de la Cordillera Central se
le ocurrió ordenar a las jovencitas nunca dar la espalda a un
extranjero.
Otros suponen que la ciguapa es producto de un
vistazo miope a un oso perezoso, especie actualmente extinta en la Española, que como se sabe tenían al final de las patas
largas unas que apuntaban hacia atrás.
La ciguapa es un ser inofensivo y pacífico pero muy curioso. Le resultan
particularmente interesantes los grupos de caminantes que circulan por los
caminos de la Cordillera Central y sólo es posible alterarla si se atenta
contra su bosque.
En cuanto a su aspecto hay quienes dicen que es azul y pequeñita (como de
1.20 metros), otros dicen que es sucia y salvaje, con un cabello que jamás
fue cortado ni peinado, pero de una belleza tal que actúa como "canto de
sirena" sobre los caminantes del sexo opuesto, arma de al que se vale
para lograr atrapar a sus enemigos que desaparecen después de ser
seducidos.
Así que recomendamos a los caminantes que se cuiden de ensuciar o
destruir el bosque, y que si han dejado caer una colilla o algún papel en el
camino y de pronto se encuentran con una ciguapa, no duden en abrazarse del
árbol más próximo, cerrar los ojos y gritar pidiendo ayuda.
Las ciguapas son extrañas mujeres salvajes que habitan en las montanas y
poseen poder mágico. Son de tez morena, de ojos negros y rasgados, de pelo
suave y lustroso, tan largo que es la única vestimenta de su cuerpo a la
intemperie. En algunas regiones los campesinos dicen que son diminutas y de
cuerpo desproporcionado; otros que tienen las piernas largas y delgadas;
algunos afirman que son velludas y unos pocos que están bellamente emplumadas.
Todos sostienen sin embargo que tienen el rostro hermoso y que son
muy ariscas. Quizás las ciguapas mas que bellas y
ariscas, sean tristes, pues tienen los pies al revés y dejan huellas
contrarias al rumbo de su destino... Estas criaturas son esencialmente
nocturnas o prefieren las zonas oscuras de los bosques; cuando salen lo hacen
en busca de frutas, peces o aves con los cuales se alimentan.
Nunca se ha oído hablar a las ciguapas; afirman que emite aullidos e
hipidos cuando corren por los campos, y cuando saltan o duermen entre las
ramas de los árboles. Cuentan que las ciguapas tienen un corazón cazador, y
que salen por las noches de las serranías en busca de algún caminante
nocturno al que embruja , ama y luego mata. Al decir
de las leyendas las ciguapas tienen malas costumbres; estas salen de sus
moradas a robar manteca y carne cruda de las cocinas, aunque afirman que les
gusta el maíz y otros granos que se siembran en los conucos.
En algunas regiones han visto a las ciguapas cabalgar por las madrugadas
en los llanos de las montanas, y las han descubierto haciendo trenzas en las
crines y las colas de los caballos. Se dice que una ciguapa se atrapa un día
de luna creciente con un perro jíbaro y cinqueño. No obstante, se añade que
es preferible dejarlas en paz, pues es tan grande el dolor que sienten en
cautiverio, que al final mueren de pena. Alguna vez se escucho la leyenda de
un ser de los bosques llamado ciguapo. Era este un
gallo vuelto de espaldas, con el lomo emplumado y el pecho con senos de mujer.
Cuentan que su grito se asemeja al llanto de un niño, y que esperan terribles
infortunios a la persona que se atreve a matar a una de estas aves. Si usted
ve a una ciguapa, nunca la mire a los ojos para que no le embruje con su
poder...
|